Elías Daniel
24/07/2025
1. El amor nunca se da por vencido, se mantiene firme y nunca se acaba
a. Para mí, esas cualidades del amor se pueden describir como: lealtad, constancia, fidelidad, perseverancia y compromiso incondicional. Es ese tipo de amor que no abandona cuando el camino se pone difícil.
b. Creo que estoy en proceso. Hay días en que logro amar con paciencia y esperanza a mis hermanos en la fe, pero también reconozco que necesito crecer en humildad y en no llevar registros de ofensas. Deseo que el amor que doy sea más como el de Cristo: firme y eterno.
2.
a. Todos los días tengo la opción de vivir en el Espíritu o desde mi ego. Se presenta en momentos pequeños, como elegir servir sin esperar algo a cambio, perdonar rápido, o buscar mi bienestar antes que el del otro.
b. Cuando elijo ser guiado por el Espíritu, siento paz, gozo, unidad, propósito. Pero cuando me dejo llevar por el egoísmo, aparecen el enojo, la frustración, la comparación y la soledad.
3.
a. Gracias al Señor, veo en mí algunas manifestaciones del fruto del Espíritu como la fidelidad, la amabilidad y el dominio propio.
b. Me gustaría crecer en alegría y en paciencia, especialmente en los procesos largos, y en el amor incondicional, como el que Dios tiene conmigo.
4.
a. Sí. He vivido el dolor de pactos rotos, tanto familiares como espirituales. Me marcó la ausencia de compromiso en relaciones que prometían permanencia.
b. También fui testigo de restauraciones que sólo Dios pudo hacer.
c. Los elementos clave fueron: humildad, perdón sincero, tiempo, oración constante, y un compromiso renovado en el Espíritu.
5.
a. Ser “miembros unos de otros” significa que estamos profundamente conectados. No somos individuos aislados, sino un cuerpo vivo donde lo que le pasa al otro también me afecta.
b. Implica que no me pertenezco solo a mí mismo, sino que he sido unido espiritualmente a otros por Cristo.
c. A Cristo le importa la unidad porque esa es la evidencia de su amor al mundo. Es su deseo más profundo que seamos uno, como Él y el Padre son uno.
6.
a. Porque la generosidad revela el corazón. Cuando doy con alegría, reflejo a Dios. Él es dador por excelencia. No es la cantidad, es la actitud.
b. Un dador alegre propone dar por amor, sin presión ni obligación, sabiendo que su provisión no depende de lo que retiene, sino de lo que entrega con fe.
7.
a. Sí, muchas veces me enfoco en mis propias necesidades en áreas como el dinero, las relaciones, la salud o la iglesia.
b. Si tuviera plena revelación de que ya todo me fue provisto por Dios, viviría más en descanso, más en paz, con menos ansiedad y más enfoque en dar, servir y confiar.
REFLEXIÓN FINAL
Hoy le pido al Espíritu Santo que me muestre en qué áreas todavía tengo mentalidad de consumidor y no de familia. Que me revele a quiénes debo cuidar con más amor, a quiénes debo honrar, servir, y a quiénes debo adoptar como hermanos. Quiero crecer en la cultura del pacto. No quiero más intimidad sin compromiso. No quiero más religión sin relación.
Declaro que este año camino con una mentalidad de realeza: una realeza que no demanda privilegios, sino que vive para dar, servir y amar como Jesús.